Cine Neorrealista

movimiento del cine italiano que surgió en la década de 1940 con el deseo de recobrar la coherencia entre las imágenes, la narrativa y la realidad. A pesar de las diferencias entre escritores y directores, es posible extraer ciertos elementos comunes, por ejemplo, el abandono de la narrativa fantástica, la preferencia por las localizaciones naturales en vez de los estudios, el empleo de actores no profesionales y el intento de presentar una visión real de los temas políticos y sociales del país en un periodo de grandes cambios.

Se cree que el término neorrealismo fue empleado por vez primera en 1943 por el montador Mario Serandrei haciendo referencia a Obsesión (1942), la primera película de Luchino Visconti. El director, que basó libremente su película en la novela El cartero siempre llama dos veces de James Cain (llevada dos veces más a las pantallas, en 1946 por Tay Garnett y en 1981 por Bob Rafelson), sitúa la acción en un valle del río Po, en vez de en Estados Unidos, y emplea un estilo expresivo, en blanco y negro, casi a modo de documental, con el que obtiene una autenticidad que contrasta radicalmente con la artificiosa sofisticación de las producciones de Cinecittá de finales de la década de 1930 (las llamadas películas de “teléfono blanco”, en referencia al excesivo lujo de sus decorados).

En 1943 Vittorio de Sica rueda Los niños nos miran, pero “L’école italienne de la libération”, como definen los franceses el neorrealismo (subrayando la conexión entre su nacimiento y la caída del fascismo), no emergería hasta dos años más tarde con Roma, ciudad abierta (1945, dirigida por Roberto Rossellini), símbolo del renacimiento del cine italiano. La película se rodó en las calles de Roma durante los últimos días de la ocupación alemana, con material recuperado en muchas ocasiones de descartes de películas de propaganda en las que Rossellini había sido obligado a colaborar en los años precedentes.

Tras Roma, ciudad abierta (que junto a actores no profesionales mostró a dos que se convertirían en mitos del cine italiano, Anna Magnani y Aldo Fabrizi) se produjo un boom y en pocos años se rodaron algunas de las mejores películas del cine italiano de posguerra: Paisá (1946) y Alemania año cero (1947), también de Rosellini; La tierra tiembla (1948, adaptación de la novela Los malavoglia, de Giovanni Verga) y Bellissima (1951), de Visconti; El limpiabotas (1946), Ladrón de bicicletas (1948) y Milagro en Milán (1951), de De Sica en colaboración con Cesare Zabattini; Arroz amargo (1949, melodrama social situado en el norte de Italia y que lanzó la carrera de Silvana Mangano y Vittorio Gassman), de Giuseppe de Santis; y El nombre de la ley (1948, western a la siciliana), de Pietro Germi.

El auge del neorrealismo acabó a comienzos de la década de 1950. Rossellini continúa realizando películas de gran interés, como Il miracolo (1948, primera parte del díptico Amore, cuya segunda parte, La voce humana es dirigida por Marcello Pagliero), con Anna Magnani y Federico Fellini como actor; Stromboli (1949); Francisco, juglar de Dios (1950), interpretada por Ingrid Bergman (casada con el director por entonces), película tras la que Rossellini abandona el cine para concentrarse en documentales y trabajos televisivos.

Visconti dirige Senso (1954), película que señala su paso del neorrealismo al realismo, desde la llamada “poetica del pendinamento” (poesía de la vida cotidiana y del hombre corriente) al resurgimiento de la tradición romántica de la novela del XIX, trasladando el entorno y psicología de sus personajes al medio cinematográfico. Sin embargo, su clásica Rocco y sus hermanos (1960), aunque se aleja de la técnica de producción del neorrealismo en su montaje y narrativa, muestra temas y situaciones de extrema pobreza que dejan clara la tradición de la que procede.

Con Umberto D. (1952), un gran trabajo neorrealista que quizá es el mejor tras El oro de Nápoles (1954), Vittorio de Sica muestra el camino hacia un cine comercial de realismo menos dramático, sin sacrificar la calidad de la producción. Según la convención histórica, el periodo del neorrealismo se inicia con Obsesión y acaba con Umberto D.

En muchos casos, nuevos géneros emergentes han tomado prestados elementos del neorrealismo, pero sin heredar su profunda sensibilidad. Como ejemplo se puede citar la serie de películas de tema popular en las que los personajes eran a menudo caricaturas de aquellos que inspiraron el neorrealismo. Entre estas películas están Pan, amor y fantasía (1953, Luigi Comencini), protagonizada por Vittorio de Sica y que supone la primera aparición de Gina Lollobrigida, o Poveri ma belli (1956, de Dino Risi).

La herencia del neorrealismo en la comedia es bastante notable, por ejemplo en la serie de películas adaptadas de los relatos de Giovanni Guareschi basadas en el personaje de Don Camilo. Esta serie, protagonizada por Fernandel como el cura Camilo, y su relación de amor y odio con el alcalde comunista Peppone, interpretado por Gino Cervi, fue rodada por directores como Julien Duvivier, alcanzando recaudaciones récord en la Italia en la década de 1950.

El legado del neorrealismo no sólo se limita al genero sentimental o a la comedia: más allá de las diferencias de estilo, el movimiento creó una verdadera “escuela” donde se investigaba la estructura de la realidad y la forma en que era presentada. Bajo esta influencia emergió además una nueva generación de directores que durante las décadas de 1950 y 1960 constituyeron el núcleo del cine italiano, entre ellos Fellini y Michelangelo Antonioni.


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